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lunes, 21 de noviembre de 2011

MUJER




Fresco rocío en plena alborada
luz y calor en la noche invernal
frágil, fuerte, moribunda, siempre viva.
De tus ojos caen con belleza sin igual
perlas puras y divinas
que doblegan voluntades
derribando muros indomables.

Tu sexo la casa del niño perdido
omnipotente, violentado, sabroso y voraz
mutilado, excitante, ultrajado, hambriento
refugio seguro del caminante audaz.
Esas manos cual palomas levantando el vuelo
ingeniosas, creativas, libres, inmensas
claman justicia endurecen voluntades
al tiempo que tiernamente acarician
el rostro, la piel, el cabello
aquel viejo anhelo .
Son esas piernas fortaleza de un pueblo azotado
refugio seguro del andariego adorado
con paso firme recorren senderos y valles
hermosas caminan con gracia celestial
Tu boca humedece las tierras sedientas
clama verdad, grita injusticias, exige igualdad
a la par que besa y apacienta a la fiera delirante
hasta convertirla en dócil y fiel amante.
El vientre frágil como vara de nardo,
tan fuerte como la guarida de un oso feroz
capaz de hacer que un hombre, por él, pierda el aliento
y al mismo tiempo engendrar vida y detener el tiempo.
Eres toda tú una diosa soberbia
el demonio de rostro angelical
la causa de todas las guerras…la paz anhelada
fuerza, amor, plenitud
lascivia, pecado…cumbre conquistada
Amiga, amante, esposa abnegada
madre, hija, hermana entregada
luchadora incansable, niña perdida
Pero ante todo, la más orgullosa
al saberse Mujer.

Elena Ortiz Muñiz

lunes, 26 de septiembre de 2011

ROSA ROJA

 

 

 

 

Primera parte

Rosa roja moribunda,
¿que tienes esta noche
que mis pasos has frenado,
son acaso tus tristezas
más grandes que las mías?
¿necesitas que te bese
para volver a la vida?
Y quien me besará a mí.
Dime.
quien ha sido el atrevido que
al olvido te ha tirado,
¿han cesado tus olores y belleza
De embriagarlo?
tú, bella entre las bellas,
acostumbrada a los
mejores elogios y delicadezas,
mueres esta noche de tristeza
como muere por su
ausencia el alma mía...

Segunda parte...

La miré, la amé,
me habló de sus tristezas
yo le hablé de las mías,
y así, entre palabra
y palabra una lágrima
vi caer de su rostro.
la hora de los adioses
había llegado,
ganas tuve de cogerla
y llevarla con migo a casa,
pero de haberlo hecho su vida
en mis manos habría quedado.
nos miramos en silencio
y sin decir palabra la dejé
abandonada a su suerte.
Ya en el metro y con lágrimas
en mis ojos me apeé
para salir corriendo
y tomarla entre mis manos,
pero al llegar a ella
era demasiado tarde,
un viento frío y atrevido
por siempre había robado
los pétalos de mi rosa…
EDITH MATALLANA Poeta colombiana radicada en París)