lunes, 21 de mayo de 2012

JOSEFA


MI AMIGA ELENA SUFRIÓ EL DOLOR MÁS GRANDE PARA UN SER HUMANO: LA
 PÉRDIDA DE SU SEÑORA MADRE. HOY QUIERO PUBLICAR ESTE POEMA SUYO, 
ESCRITO CON MUCHA PENA.

Hoy un ángel en el cielo lleva impresa en la frente
la huella del último beso que le pude dar.
Es mi madre que hoy es luz eterna
que ilumina el firmamento con su risa franca.
Presa del dolor y la orfandad
con mi dolorido corazón le busco y llamo.
Josefa, la eterna luchadora
aquella que fue voluntad, fuerza, coraje
la de los tamales inigualables y los pasteles de chocolate,
la que tejía suéteres con gran maestría para arroparnos en el crudo invierno.
La de las chácharas y los detalles,
aquella de los antojos y las bromas.
La de las coca colas escondidas y los mil enojos cada día.
La que con sus lágrimas lavó el sendero
por el que avancé sin merecerlo.
Con ella se fueron mis mejores años
la seguridad de la mano generosa
que siempre estuvo dispuesta a aligerar mi carga.
La amiga, confidente, compañera de compras y tardes de café.
La abuela malcriadora a quien sus nietos, hoy,
desconsolados lloran
¡Se fracturó mi raíz! ¡Se trozó mi vida!
Sé que debo seguir a toda costa
porque soy de ella que fue entereza pura.
Debo volver a ser parte de esta vida
que me depositó en su seno un día
como quien siembra una semilla por pura ociosidad
y luego arranca el tronco que de ella nace con genuina crueldad
dejándola marchita y seca sin piedad.
Más, nunca será un adiós el que nos preceda
seguimos juntas solo que en distintos planos:
ella, feliz en el cielo
y yo sin ella, aquí en la tierra.
Se acabó el aroma dulce de su nívea piel
nunca más el timbre recio de su voz
exigiendo respeto y buen comportamiento
diciéndome adiós al salir de casa.
Cuántas lágrimas debió llorar por mi causa
tantas risas que se quedan grabadas en mi memoria,
las travesuras diarias, su vulnerabilidad evidente,
los berrinches de niña cada vez más frecuentes, ahora entrañables.
Se fue nuestra Josefa con la rapidez de un suspiro
se queda sin pan la mesa
sin calor cada rincón
sin su esencia el jardín
pero su recuerdo no se va, ese, me lo quedo yo.
Adiós Josefa, ahí te encargo la mitad de corazón que te llevaste bajo el brazo
y que ahora me provoca esta sensación de hueco eterno y un dolor angustiante
que no perecerá nunca como tú.
El único consuelo que me queda es saber
que cuando me toque partir a mí también
serás tú quien esté a mi lado
dispuesta a llevarme de la mano como siempre
para mostrarme el camino que conduce hasta Dios.
Padre nuestro que estás en el cielo...
¿por qué te la llevaste?
Pero quedan las marcas de sus huellas en este suelo
que ahora no tiene sentido
porque es parte de esta casa que hizo y rehizo
con entrega y trabajo incansable a pesar del dolor,
de los tragos amargos, de las penas ahogadas,
de su débil corazón.
Y sin embargo, jamás una queja, nunca un lamento...
Josefa, la de las raíces fuertes,
la de ramas altas y difíciles de alcanzar
pero de flores dulces y verdes hojas
cuya sombra fue siempre un remanso de paz.
Hoy, Josefa es eternidad, luz divina, pasión inextinguible
un espíritu que jamás fallecerá otra vez ante mis ojos...
se fue, escapó de mí.
Me dejó vacía, perdida, en medio de una oscuridad atroz.
¡Josefa! Nuestra Josefa de carácter recio,
de ideas firmes y valores cimentados
la que peleaba por la justicia
y se enfrentaba con valor a sus adversarios.
Se fue sin más la madre idolatrada
dejándonos su ejemplo, su recuerdo dulce,
el camino tapizado de mil flores, tantas, como las que
puestas a sus pies en aquel último adiós tan triste y doloroso
le acompañaron como símbolo del gran amor que siempre tuvo a su alrededor.
Las inagotables lágrimas que causó su partida,
el dolor sincero por haberle perdido sin remedio...
Mi madre gloriosa y franca, la esposa fiel y entregada,
la abuela cómplice y traviesa, la hermana amorosa y solidaria,
la tía cariñosa de alegrías constantes.
Se quedan con nosotros tus flores sembradas y cuidadas con anhelo, ese esposo amado
por quien lo diste todo y a quien cuidaré con devoción y celo a partir de ahora,
tus animalitos fieles que aún sufren por tu ausencia.
Pero me queda aún fe y esperanza
tu recuerdo eterno y mi cariño,
las ganas de seguir peleando
para que allá arriba te sientas orgullosa
de esta hija que tal vez no te merecía
y por ello te llora más.
Cada tarde al sentarme a escribir
desde mi ventana te miraba podar tus rosales,
regar esas plantas a las que tantos cuidados prodigaste,
acariciar a tus amados animales.
Hoy, se me hace difícil sentarme ante esa ventana otra vez
porque solamente tendré la certeza de tu ausencia
Aunque no...No estás ausente
Puedo sentirte si así lo deseo, puedo olerte en el ambiente
puedo cerrar los ojos y verte riendo otra vez.
Pero también puedo escucharte ¡Sí! Te escucho con claridad:
-"No es suficiente. Sigue escribiendo, sigue intentando. ¡Tú puedes dar más"
Entonces escribo aunque las lágrimas no me permitan hacerlo bien, pero sigo adelante por ti
Josefa. Por ti. Siempre por ti
Elena Ortiz Muñiz

lunes, 23 de abril de 2012

AUSENCIA





Los días transcurren con penoso andar
olvidados fenecen sueños y estrellas
alegrías distantes y ajenas
el tiempo  entre resquicios y huecos se pierde
escurre cual cera preciosa de un cirio bendito
cuyas huellas son profundas…eternas
angustiosas, pesadas, un constante caminar.
La nostalgia inunda el camino hasta anegarlo en llanto
el silencio invade las noches interminables y dolorosas.
exigen descanso las manos, el alma, las piernas
el corazón que de tanto latir sin sentido, alucina.
me siento cansada y sin fuerzas
hasta las minucias se antojan inmensas
mi existencia perece en condiciones adversas
¡Que triste es saberse sola e indefensa!
De pronto una luz se enciende por dentro,
los recuerdos me gritan suplicando piedad
que abra los ojos
que al fin me de cuenta
que aunque respire estoy muerta
que no tengo vida
porque ya no estás tú.
Elena Ortiz Muñiz (Poeta mexicana, 2012)

lunes, 2 de abril de 2012

LOS AMANTES

             Los amantes



Sus bocas se unen,
sus manos se estrechan,
sus ojos se miran
y luego se cierran.
Sus corazones laten
a un ritmo impaciente,
sus cuerpos se unen
desesperadamente.
Se dejan llevar,
por el fuego ardiente
que quema la sangre
¡que dentro se siente!
¿Las palabras dulces?
¿las palabras bellas?

Marina Trujillo Layún (Mexicana)

SOÑÉ CONTIGO

                 Soñé contigo





Aunque el tiempo ha transcurrido
tu ausencia se acentúa,
me haces falta, mucha falta,
y sólo en sueños me acompañas.
Yo sé que estás conmigo
siempre y a toda hora,
más aún cuando te necesito,
me consuelas un momento
y te vas, como es… cual debe ser.
A tu lugar de descanso,
a tu viaje sin retorno (a plano físico)
y yo aquí aguantando y callando
este dolor que muy bien finjo.
Esperando ese abrazo
Marina Trujillo Layún (Una querida amiga mexicana)

sábado, 31 de marzo de 2012

EL ROSTRO DE MIS OJOS

EL ROSTRO DE MIS OJOS

Eres mi poema de amor
Eres la lluvia que humedece mis besos
La lluvia de abril resplandece  en  mis sueños
Te escribo en la arena de mis versos.

SARAHIS MENDEZ

ESTAS PEGADO A MI CUERPO…

ESTAS PEGADO  A MI CUERPO…


Mis brazos te atrapan sobre el relieve de tus besos

Te siento en cada suspiro que envélese mi piel
Te acercas como ave entre la hierba
Tus labios ardientes juegan con mi sentir
Eres el rostro de mis ojos
Fuego de caricias me llevan hacia ti.

Eres la ternura de mis noches desveladas
Mis cabellos reposan  sobre el perfume de tu morada
Tus dedos acordeón de violetas
Se inclina sobre mi seda
Tus labios mares agitados
Remueve  mis olas de amor.

Suavemente tu respiración se siente
En cada poro que se abre como una flor
Tus agitados respiros devoran mis sentidos
Me llevas hacia el abismo de tus pasiones
Mis alas se abren como acordeón de madrugada
Te llevo en cada   trozo de mis besos que te atrapan.

SARAHIS MÉNDEZ (venezolana)
Si lees esto, mi querida amiga,
 recuerda que un día me diste autorización
para publicar tus poemas

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA VENDEDORA DE PLOMO




Mangueras negras como serpientes penetran las máquinas de hierro:
crujen, se mueven, se estremecen, mientras arden las pistas con un sol reluciente.
Olor a grasa carburante y aceite. Ruido de monedas que caen al suelo.
Cola de buses, taxis, y camiones la esperan, pues ha sabido ganarse
el cliente con su risa.
Maquinas eructando cifras arregladas por patrones indecentes.
Pagan conductores distraídos sin darse cuenta de los gajes del oficio.
El tres por ciento recibe por cada cheque cambiado,
sin derecho a preguntar de donde viene ni quien ha firmado:
Sale contento el cliente contando los billetes.
Pasan las horas, pasan los días, pasan las noches:
envolviendo la estación de servicio en su fatídica sombra.
Bocas de pistolas vomitan fuego como dragones:
“la vida o la plata” –le dicen–, mientras meten sus manos
en sus partes nobles.
Llanto de sirenas, disparos en la noche:
Corren los bandidos llevando con ellos olor de sangre plomo y muerte…
Lloran dos niños huerfanitos mirando el horizonte.
EDITH MATALLANA (desde Paris)

sábado, 28 de enero de 2012

AMOR FUGAZ





Nuestro amor fue
como la vía láctea
de un cielo
de verano;
luminoso  y opaco.
Y  como diamantes
que brillaban
en la noche;
efímeros  y mortales.



Bajo mi mano bailarinas descalzas danzan
En cada nuevo paso tiñen de negras grafías
el níveo y mudo escenario

Víctima de un poderoso influjo les permito nacer

entre espasmos de dolor y alivios momentáneos

Me alegro al descubrirlas llenas de vida

¡Bienvenidas sean! ¡Que comience la poesía!
Elena Ortiz Muñiz

domingo, 22 de enero de 2012

CUARTO AZUL

Cuarto Azul

Cuarto azul testigo mudo
de nuestras noches sin sueño.
 
Besos en el aire risas compartidas
gritos en el techo cigarros encendidos
whisky en tus labios whisky en los míos.
Fuego en tus manos juegos en las mías,
cuadros mirones con ojos saltones
permitieron la infidelidad
que tú le hacías morena mía.
Escaparate burlón con tres bocas
y dos manos que vieron en la noche
tu cuerpo acurrucado junto al mío.
Kenzo, Givenchy, Paloma Picasso,
y otros perfumes que embriagaron
tus sentidos al olerlos en mi cuerpo
vida mía.
Acariciaron tu desnudez
toallas blancas
mientras te disponías para el placer.
Besos y más besos mojaron la cama
con el elixir de la vida.
Muslos de gacela, cabellos azabaches,
dientes nacarados, piel morena,
mujer divina, fue tu entrega
como sonidos de borrascas
en atardeceres lluviosos
que cayeron impetuosos
y embriagaron
con sus besos los ríos.
Amaneceres sin sueño,
besos matutinos despedidas
sin mañana, volvías en la noche
y nos amábamos sin medida.
Todo, todo aquí en este cuarto azul
me recuerda tus amores
en este amanecer frío
sin tu cuerpo junto al mío…
Matallana Maria Edith.